Ventas y servicios en internet

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Las plataformas de contenidos digitales y, en general, la prestación de cualquier servicio a través de internet está adquiriendo cada vez mayor importancia, traspasando fácilmente las fronteras de las normativas de un país, ya que se puede ofrecer un servicio en España para un cliente alemán o de cualquier otro país (comunitario o no). Resulta, por ello, muy interesante conocer algunos aspectos relacionados con la fiscalidad europea, que ayudarán a desarrollar actividades y planes de expansión nacional e internacional.

La Agencia Tributaria ha definido los “servicios electrónicos” atendiendo a la automatización de estos, y a que no requieran una intervención humana (o que ésta sea mínima). Sería el caso del alojamiento de páginas web, la descarga de películas, libros o periódicos electrónicos, audiolibros o la enseñanza a distancia automatizada. Son operaciones en las cuales no hay alguien detrás de cada descarga individual, prestando, uno por uno, cada servicio a cada cliente (aunque pudo haber implicadas personas en el momento de creación de los contenidos o incluso exista periódicamente cierta atención en línea, como la que prestan los profesores de los denominados cursos MOOC). Se debe analizar si una operación se incluye dentro de los límites de una intervención humana mínima, es decir, dentro de ese margen que aún es catalogado, a efectos tributarios, como “automatizado”.

Los límites de “automatizado”, se plantean en el sentido de que no es lo mismo el hecho de que sea necesario el trabajo directo y personalísimo de un profesional, que ofrecer un servicio o producto digital que puede ser prestado o descargado masivamente, sin requerir apenas o ninguna intervención humana. Si una actividad se encuadra en tal descripción, está previsto para las mismas la aplicación del Régimen especial de prestación de servicios de telecomunicaciones, de radiodifusión y televisión o electrónicos (en el IVA).

No incluidos en la definición de servicios prestados por vía electrónica quedan los casos de empresarios y profesionales de cualquier ámbito cuando resuelvan una consulta (o todas) a través de correo electrónico o teléfono, los servicios de ayuda al usuario (como los servicios de asistencia telefónica que prestan las empresas mediante sus departamentos de atención al cliente), y cualquier operación de compra únicamente por el hecho de que el pedido se efectúe por vía electrónica.

Bajo ciertos supuestos, la normativa tributaria establece exenciones, que pueden actuar como incentivos fiscales, dirigidos a determinadas actividades de carácter social o cultural (como la asistencia social o la enseñanza). Cuando una actividad está exenta de IVA, ello supone que no hay que añadir IVA en las facturas, con lo cual estas medidas podrían favorecer que los precios finales para los consumidores sean menores, al no verse incrementada la factura por el IVA. Para el empresario, no repercutir el impuesto, supondrá que tampoco podrá deducir las cuotas de IVA que ha soportado por las adquisiciones de bienes y servicios empleados en las operaciones de su actividad exenta, y, también, que podrá disponer de mayor margen para establecer un precio que suponga una retribución suficiente del trabajo realizado a la vez que un menor precio final, ya que no tendrá que añadir un IVA que para los clientes supone mayor desembolso.

Un caso frecuente: la formación a distancia

La formación online, impartida directa y personalmente, estará exenta de IVA si lo estuviera en modalidad presencial, es decir, depende de que los contenidos formen parte de algún plan oficial de estudios. Ahora bien, si lo que se ofrecen son cursos compuestos por videos ya grabados previamente (o los denominados cursos MOOC), entonces se encuadraría en la anterior definición de servicios prestados por vía electrónica. Puede parecer que es lo mismo, pero no supone lo mismo conectarse en directo a una clase a la que acude personalmente un profesor (aun siendo online), que descargarla previo pago o acceder a cursos ya grabados, y, a efectos fiscales, el que se encuadren dentro de los servicios prestados por vía electrónica (esos cursos, por ejemplo), los incluye en una categoría que no se encuentra exenta de IVA. Las clases particulares impartidas por Skype u otra plataforma de videoconferencia cualquiera, constituyen un servicio de enseñanza a distancia que estaría exento (siempre y cuando cumpla todos los requisitos, como que el profesional imparta contenidos que se encuentren encuadrados en un plan oficial de estudios).

 

En cuanto a la localización, a efectos de declarar e ingresar el IVA, en 2015 la norma europea estableció que los servicios prestados por vía electrónica se localizarían en el Estado de establecimiento o residencia del consumidor final (consulta en el enlace los porcentajes aplicables por países). En consecuencia, si un cliente francés descarga previo pago un contenido digital ofrecido por un empresario español, el español habría de tributar por el IVA y declararlo en Francia, realizando, ya de momento, dos declaraciones de IVA: una en Francia, y otra en España, por sus clientes residentes en España. Y así por cada cliente en cada país, debiendo realizar múltiples declaraciones, una en cada país. A través de la “Mini Ventanilla Única” o “Mini One-Stop Shop – MOSS”, se podrá registrar (Formulario 034) y centralizar de esta forma a través de la Sede Electrónica de la AEAT todas las declaraciones de IVA que habría de hacer en cada país donde tenga clientes particulares. Para poder utilizar esta vía, los clientes tienen que ser particulares establecidos en otro Estado miembro (de Europa). Para los servicios prestados a otros empresarios o profesionales la Mini Ventanilla Única no resulta una opción (porque en tales casos será el destinatario, debidamente identificado con su NIF-IVA quien declara e ingresa IVA en el Estado miembro donde está establecido o reside). Esto último es lo que se conoce como inversión del sujeto pasivo (el cliente se autorrepercutirá el correspondiente impuesto).

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